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El nº125 de la revista «Harper’s Bazaar» me ha hecho redescubrir a Antonio López García. Este orgulloso manchego de Tomelloso fue desde muy niño un prodigio de la pintura. En el artículo de Harper’s explican que llegó a Madrid en 1949 cuando sólo contaba con 13 años y¡ unos meses después ingresaba en la Escuela de Bellas Artes! Terminó la carrera con 19 años y obtuvo una beca por un premio de pintura que le permitió vivir en Italia durante 1 año, acompañado por el también genio hiperrealista Francisco López. Allí se enamoró de la pintura del Trecento y del Quattrocento y sobre todo de la obra de Piero della Francesca. También el estudio de la escultura romana, egipcia y griega influyó de manera importante en su carrera artística. Antonio es más conocido como pintor hiperrealista pero también es escultor, ejemplos que podemos ver si pasamos por la estación de Atocha en Madrid.

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El cuadro que vemos a continuación se titula «Madrid desde Torres Blancas» que Antonio comenzó a pintar en 1974 y finalizó en 1982. Todos los días a las 6 de la mañana se instalaba en una isleta y desde ahí trabajaba en su famosa obra. Según cuenta a la revista «Me sentaba en aquel hueco donde apreciaba la calle como la nave central de una gran catedral. Trabajé en los que estaba permanente. Todo lo que no tenía permanencia estaba fuera del cuadro. La carencia de personas y coches en ese lugar magnífico le daba un aspecto fantasmal, extraño. Y así lo acepté.»

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Curiosamente y casi 40 años después, hemos vuelto a ver la Gran Vía desierta.

Si queréis saber más: https://www.antoniolopezweboficial.com/